No pudo ser, de nuevo, por ahora

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No nos fue bien. Beta cero. Quizás el embrión no era tan sano, quizás el endometrio no estaba receptivo, quizás es que fui al dentista y me pusieron anestesia (de la que no pasa nada se supone, pero me dolió demasiado entonces puede ser eso), o el Atosiban, con el que quisieron innovar porque hacía que el útero no se contrajera y generara espasmos, que habían tenido muy buenos resultados, o quizás comí muchos chocolates en la betaespera, o fue la acupuntura. Quizás qué. Quizás la vida no quiso fuera ahora, o quizás seremos una familia de tres.

El negativo nos desmoralizó y entristeció enormemente, y fue primera vez que veo a S. muy mal. Estaba tremendamente ilusionado y fue duro. El vacío es tan grande cuando te arrancan ese sueño.

Decidimos conversar y poner todos los pros y contras de tener otro hijo. El se mantiene en una postura firme de que quiere un hermano para Emilia. Yo lo entiendo y le encuentro razón, pero a la vez quiero mostrarle que puede nunca logremos otro hijo, y que si nos quedamos los tres hay que aceptarlo, que ya somos inmensamente afortunados, que tendremos más economía, etc. El está dispuesto incluso a adoptar.

Cuando vi el negativo le dije, hasta aquí no más llego. Porque la betaespera es una real mierda.  Y ya mi cuerpo no soporta ni una aguja más clavándolo. No quiero seguir sufriendo, no quiero. Ya no tengo por qué. Llevo 10 años así, pero ya tengo a mi Emilia, y cuando veía el abismo ella venía a rescatarme, me tiraba de la mano para que fueramos a pintar, no me dejó sola, a ninguno. Antes de dormirse esa noche nos abrazó a los dos al mismo tiempo, como si supiera. Ella está aquí, ella es nuestro milagro y lo sigo y seguiré agradeciendo para siempre.

Hoy mi niña entró al jardín. Se irá por las mañanas. Ya la extraño, creo me ha costado más a mí que a ella esta separación, donde sale al mundo. Estoy emocionada, a la vez me dan oleadas de tristeza, porque esa inmensidad de amor que percibí al estar en la idea de que otro hijo venía, me hicieron escuchar al corazón. Me dieron ganas de salir a buscarlo.

Y eso haremos. Un último tratamiento.

Estamos en averiguaciones para ver si es posible contactar a la misma donante, o hacerlo con otra. Pero vamos a buscarte con todo hijit@, una última vez.

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Betaespera n°9

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Horrible betaespera, me había olvidado de lo que eras. No puedo pensar otra cosa que en los síntomas de mi cuerpo. Hice reposo 2 días y luego a la vida normal. Estoy en el día 6 post transferencia.

Ha sido muy difícil hacer reposo y descansar con una niña de 23 meses. No he podido no tomarla en brazos, ni llevarla al columpio, ni mecerla para dormir…¿cómo negárselo?! Pero eso me ha dado culpa, que he hecho mucho esfuerzo, subiéndola al coche, al auto, a la silla de comer. ¿Se habrá despegado el embrioncito?

También hice otra estupidez que me tiene comiéndome el coco, y es el maldito pipitest. Lo hice ayer, en día 5 (lo sé, demasiado pronto), pero con un embrión de 10 días esperaba ver al menos una rayita tenue. Con Emilia me salieron rayas flojitas, aunque no recuerdo exactamente qué días los hice. El test negativo me desmoralizó entera. Volvieron todos los malos recuerdos, ese abismo que creía haber olvidado. Y la cabeza a mil….la tristeza queriendo salir a gritos.

Esta mañana me he hecho otro test (si, soy idiota) y también blanco nuclear. Ufff, ya no sé qué pensar. Estoy llena de síntomas; mareos, náuseas, dolor de regla, tirones de útero, sueño, cansancio (agote), pechos inflados, y anoche un dolor de riñones que en la vida había tenido y que me botó a la cama. Hoy ya no me duelen. Mi cabeza me grita ¡solo es la progesterona! Pero ¿y si no?, ¿y si además es otra cosa? Sí, no, sí, no, sí no.

En fin, solo queriendo desahogarme un poco. Creo mañana, a una semana exacta de la transfer, me haré un último pipitest (para terminarlos) y luego pararé de hacer huevadas hasta el sábado, que tengo la beta. Intentaré pensar que sí, que está ahí mi embrioncito campeón/a, hermanit@ de mi campeona más grande. A veces me imagino con otro enanito al lado y no puedo más que sentir amor, un amor como que se duplicara, Emilia x dos. Es inmenso. No quiero perder la ilusión…me hace tan feliz la idea de que seguiré pensando que estás aquí mi chiquitito/a. Quédate, quédate, quédate.

Ya estás dentro de mí

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Escribo desde mi cama, haciendo reposo en este día en el que ha sido mi transferencia. La séptima transferencia de mi vida, embrioncito número 10 (de distintas camadas), betaespera número 9 (mi número mágico que siempre ayuda).

Todo salió perfecto. Nuestro último embrioncito volvió a la vida después de haberse descongelado en óptimas condiciones, expandiendo y vital. Marvilloso.

Esta vez S. no pudo entrar conmigo a pabellón, tuvo que quedarse con Emilia en la habitación de la clínica. Las enfermeras y matronas se acordaban de nosotros, de hace 2 años, cuando pasamos por la misma situación y fueron muy cariñosas con nuestro “milagrito” como le dijeron a Emi. Pensé en lo bonito de su trabajo, el ser partícipes y testigos de todo el proceso, el hacer posible lo imposible y luego, alegrarse de corazón al ver lo que eran esas celulitas congeladas convertidas en una personita. Me emociona.

No sé mucho qué pensar ni qué decir, ni cómo tomarme esta betaespera. Trabajé mucho para recibir a este embrioncito, di lo mejor de mí y creo haberle proporcionado las mejores condiciones que pude para que se quede. Estoy entregada, y más tranquila que las otras veces. Solo con mirar a Emilia mi alma se calma.

Pero ya amo tanto a mi segundo hijit@. Lo vi meterse dentro mío, una vez más esa mágica luz de vida. Y ahí quedó. Me lo imagino abriéndose e introduciéndose dentro de mi endometrio, y a éste, que ya sabe que hacer, acogiéndolo y protegiendolo tal cual hizo con su hermanita. Rezo, creo, confío.

Quédate mi amor, quédate.

Hasta 10 días más.

Transferencia en 6 días

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Ya estamos listos. El próximo miércoles será la transferencia de nuestro último embrioncito congelado. El hermanit@ de Emilia.

Hemos hecho el mismo protocolo del exitoso ciclo natural, Gonal, Cetrotide, Ovidrel, acupuntura etc. Esta vez todo ha sido más difícil, y he hecho un verdadero tetris para poder dejar a Emilia al cuidado de alguien sin tener que contarle exactamente en lo que estamos. Por primera vez en mi vida no lo sabe absolutamente nadie, y es liberador y aliviante.

Por supuesto entre todas las sesiones de acupuntura y seguimiento ecográfico tuve dos imprevistos que sumaron un estrés extra: se me quebró una muela y choqué el auto. Con esto último me quiero matar, porque fue saliendo de la casa, con el basurero metálico que adorna mi calle. Justamente yendo a una ecografía, corriendo, tarde, venía otro auto, calculé mal y paf…un tortazo de aquellos a la puerta trasera. Entonces ahora viene ir a dejarlo al seguro, quedarme sin auto etc, todo durante la betaespera, genial. Lo del dentista, tendrá que esperar. Transferencia sin muela no más, al menos no me duele.

Pero en fin, volviendo a lo importante, mi ciclo ha andado como avión. Mi endometrio ya está en más de 8mm. Tendría que resultar, tendría. Diez años en esto, será mi novena betaespera (contando las dos IA), séptima transferencia, embrioncito número 10. Por empeño no me he quedado.

S. pedirá vacaciones un par de días para que yo pueda hacer reposo y se haga cargo de la Emilia que está más full y demandante que nunca con sus casi 2 años. A veces me asusto y pienso si es que me la podré con dos…luego pienso en mi abuela que tuvo 8 y me siento como un gusano. El tema es que a los 43 la energía no es la misma, y llevar diez años metiendo esta presión para lograr un embarazo ya se me hace tedioso. El volver a los pinchazos me trajo muchos recuerdos. Además de un dolor horrible, mi pobre cuerpecito con memoria ya no resiste ninguna aguja más clavándolo, ni las subcutáneas, ni las de acupuntura, ni las sacadas de sangre. Hasta las ecografías me duelen ya. Siempre me digo que será la última vez, y por ahora quiero consolarme con eso. Tanto que se sufre siendo infértil, aunque claro que ahora fue distinto, a pesar del dolor, ahora me pinchaba mirando los ojitos de mi nena preciosa que me tiraba del pantalón para que siguiéramos jugando. Quiero más que nada en el mundo que tenga un hermanito o hermanita para jugar, que se acompañen durante toda su vida, que cuando nosotros, sus papás estén viejitos (que no queda mucho), se tengan el uno al otro. Hemos hecho lo posible, más que lo posible. Solo me queda entregarme y rezar por otro milagro, pero esta vez aceptaré lo que la vida quiera seguir regalándome, porque el regalo de mi Emilia ya ha sido más que suficiente. Si le toca ser hija única pues así será. Aunque queremos tanto ser cuatro.

Pero no nos adelantemos. Yo y mi ansiedad…eso no me cambia! Por ahora concentrada en darle energía a mi congeladit@. Pidiendo al universo que todo salga bien, que descongele bien, que se expanda y se pegue a mí para crecer tan perfecto como su hermanita y llegar a este mundo a completar nuestra familia. Vamos que se puede!!!

Operación hermanit@

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Hace mucho tiempo que no escribo, y me cuesta un mundo retomar este blog. Lo he releído un poco y vuelvo a vivir de cierta manera esos años de dolor, desesperanza, de tanto miedo y soledad. Y no los quiero de vuelta!

Desde que fui mamá, por supuesto otra ha sido la historia. Es otra la sintonía con el mundo, son otros los problemas, otras las preocupaciones. Pero nuestra Emilia tiene ya un año nueve meses, y ha llegado el tiempo de emprender el nuevo camino: su hermanit@

Nos queda un congelado, el único y último. La idea es hacer la transferencia en un mes más. Se imaginarán cómo vuelven los fantasmas, y ese miedo feroz…porque es solo uno, una sola oportunidad ¿qué hago si no resulta? S. una vez más me dice que debo jugar a ganador, que él está seguro de que funcionará y que ni siquiera piense en otro resultado…pero cómo no!!! Si tan solo supiera el pavor que todo esto me genera, que a veces quisiera decir ya no más, y quedarme solo con Emilia, no porque no quiera más hijos, si no que no sé cómo reaccionaré ni qué pasará conmigo si no funciona.

Es lógico que un negativo no será tan devastador como antes, que no había nada. Ahora está mi niña maravillosa, que lo llena todo, pero este embrioncito congelado está ahí, como algo futuro, el final del camino. Siempre ha estado y si deja de estar va a ser muy duro. S. me dice que hay salidas, que podríamos hablar con el doctor para que contacte a la donante nuevamente, o buscar otra….aarrgggghhhh….es tan difícil. Recién estoy saliendo del torbellino de la maternidad, queriendo hacer cosas, trabajar, volver a ser yo. Pero cumplo 43 en 2 semanas, o sea tiempo no tengo. Es ahora o nunca, y la verdad también me encantaría que mi Emi no sea solita, que tenga un hermano o hermana con el cual jugar, acompañarse, apoyarse cuando sus papás estén viejos (que será pronto, jeje) Y por qué no decirlo, poder yo diversificar y repartir la ansiedad y aprensión que hoy por hoy le pongo a ella.

¿Qué irá a pasar? Que ganas de ver el futuro. Cuando nació Emilia me dije que por fin descansaría de toda esa búsqueda infernal, pero bien adentro sabía que volvería, no lo iba a pensar en ese entonces, claro, pero aún no ha pasado el descanso de decir, ok, la fábrica se cierra.

No elegí estar donde estar, no elegí que se me fuera la vida por tener hijos. Pero ese deseo siempre ha sido más fuerte que todo, va más allá de mí.

Sea como sea, ya estoy parada frente al camino para la búsqueda de mi segundo hij@. Ya fui al doctor y repetiremos el mismo protocolo que tuvo éxito. Así que mañana parto con acupuntura y adiós a las cervecitas y gin tonic. Mi niña entra en septiembre al jardín, con 2 años recién cumplidos (Cómo pasa de rápido!). Irá en las mañanas, volveré a tener un poco de tiempo para mí….para quizás disfrutar y estar en sintonía con un nuevo embarazo. Todo de nuevo. Lo quiero, quiero hacerlo, pero se me aprieta el estómago, no puedo evitarlo.

No hablaré de la maternidad esta vez. Este es un blog sobre la infertilidad, y a pesar de tener una hija, sigo siendo infértil.

Intento confiar, pedir al universo que nos de lo que sea mejor para nuestra pequeña familia.

Ojalá que lleguemos a ser cuatro. Ayyyyyyyy…

Emilia de mi vida

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Soy mamá, la mamá de Emilia. Toda mi vida ha dado un giro, se ha transformado y trastornado. Hay un antes y un después de tener un hijo, todo cambia, una cambia, el mundo cambia.

Con ella sentada a mi lado en su sillita, con sus espléndidos 41 días, recién tengo unos momentos para sentarme a reflexionar y poder escribir todo lo que ha sido esta mega experiencia. Intentaré plasmarla lo mejor posible, momento a momento:

EL PARTO
En mi última entrada, escribí poco antes de irme a la clínica. Debo confesar que en mi vida había sentido unos dolores tan horribles. Al principio estaba tranquila, sintiendo las contracciones cada vez más seguidas, mientras trabajaba intentando terminar una diagramación y poder entregarla antes del parto (no pude). Hablaba con la matrona quien me decía que si quería me fuera a la clínica, que dependía de mí, pero que le dijera a S. que mejor se volviera del trabajo, porque esto iba a ser ese día, etc. Llamé a S. quien tenía un día colapsado con reuniones y le conté lo de la matrona. Suspendió la reunión a la que iba en camino y me dijo que se venía a casa. A mí se me ocurrió (porque en esos momentos una hace estupideces) mandarlo al supermercado, pensando que aun había mucho tiempo y que nuestro refri estaba vacío entonces sería bueno llenarlo para no tener que ir después. Por supuesto se demoró casi 2 horas en volver, mientras que mí me comenzó el verdadero trabajo de parto. Con esto me refiero a las contracciones REALES. Uffffff, no tengo palabras. Es un dolor como si una se fuera a partir en dos, intenso, intenso, intenso, como un dolor de ovarios, pero de todas las entrañas y duran mucho, alrededor de 60 segundos. Me comenzaron a venir ese tipo cada 3 minutos. Creí me moría. No pude hacer nada más, no podía ni hablar. Cuando S. llegó yo estaba balanceándome y berreando agarrada a una silla, y le grité que teníamos que irnos ya. El camino en el auto duró una media hora, terrible, cuando llegamos pedí una silla de ruedas e hicimos el ingreso por urgencias conmigo sin poder dar ni mi nombre. Una enfermera me ingresó rápidamente a un box y me hizo ponerme la batita para que un doctor me examinara. No podía desvestirme porque las contracciones venían y venían y yo quedaba inmóvil. Cuando apareció un doctor me hizo el famoso “tacto”. Me habían dicho que dolía mucho, pero la verdad el otro dolor era tanto que no lo recuerdo. Me dijo que estaba con dilatación 3 (yo me juraba de 8) y que no me preocupara porque según él todas llegaban así de adoloridas con dilatación 3.

Estábamos listos, ya no había vuelta atrás. Me preguntaron si iba a querer la epidural, a lo que contesté con un rotundo Sí, pero que quería esperar a mi matrona que venía en camino y aguantar un poco más (no sé donde había escuchado que mientras más se aguantaba era mejor). El anestesista me dijo que para qué iba a seguir sufriendo, que si me la iba a poner lo hiciera de una. Así que aguanté hasta dilatación 4 y la pedí. El sistema es un catéter en la columna misma, donde me dejarían un botoncito para yo ir soltando anestesia cuando lo necesitara. Para el ingreso de este catéter tuve que ponerme en posición fetal, agarrando mis rodillas no sé cómo con mi enorme panza, completamente inmóvil (yo aterrada de quedar inválida) y aguantar las contracciones que no cesaban mientras sentía esta aguja inmensa clavarse en mi médula. S. me tenía de las manos y yo transpirada entera, estaba a punto de desmayarme en el momento más espantoso que me sentía viviendo. Y de pronto, la paz… Epidural viajando por mis piernas, y el dolor alejándose hasta casi no sentirlo. Un paraíso. Me volvió el alma al cuerpo, la sonrisa, pude sentarme en la cama y comenzar a bromear. De ahí en adelante todo fue miel sobre hojuelas.

Creo que con tantos tratamientos, exámenes, sacadas de sangre y procedimientos, mi tolerancia al dolor está en cero. Dicen que el cuerpo tiene memoria, y tantos dolores acumulados se me manifestaron todos en el trabajo de parto. No sé cómo, y aquí va toda mi admiración, se puede parir sin anestesia. Yo no lo hubiese resistido, me habría desmayado, o muerto. Sentí una enorme empatía y compasión por todas las mujeres de la historia, las que en el pasado pasaron por eso y perpetuaron la especie, las que murieron en el parto, o después del parto, las que parieron ocho hijos (mi abuela) y por las que  hoy en día, optan por tener a sus hijos bajo el lema “parirás con dolor”. En mi caso, no fue posible, ni lo será jamás.

Llegué a la clínica a las 3pm, y Emilia nació a las 10pm. Todo ese rato estuve con mi mamá, mi suegra, mis hermanos, mi doctor, mientras la matrona me iba revisando y me decía, ya vas en 7, ya en 10. Me hacía practicar los pujos “de memoria”, ya que no sentía nada. Cuando llegamos a la dilatación completa, Emilia aun no se encajaba bien, estaba como corrida de la pelvis. El doctor me metió la mano, como a las vacas, y la hizo encajarse. Casi a las 10pm me dice estamos listos, se cambia de ropa, mueven mi cama hacia el centro de la habitación preparto, y comienzan a alentarme a pujar. Emilia salió a los cinco minutos.

Sentí las exclamaciones de asombro de S., oooohhh, ooohhh cuando iba saliendo la cabeza, y luego todo su cuerpo. Me la pusieron encima, como un pescado caliente y resbaloso. Y comenzó a llorar. Yo reía y lloraba, era tanta mi alegría! Luego me la pusieron encima de mi pecho y ella tan despierta nos miró a ambos, y ese cruce de miradas fue lo único que necesité para caer en un enamoramiento profundo, el amor más grande que he sentido en mi vida, una emoción indescriptible, tomaba su manito y nos mirábamos…eso marcó el antes y el después de mi existencia.

Estuve tres días en la clínica, recibiendo a las visitas, mientras intentaba aprender lo de la lactancia, que es todo un tema. El gran tema que viene luego de parir. Es muy difícil! Emilia era chiquita, y mis tetas se la comían a ella, su boquita era muy chica para mi pezón, por lo que quedé con las dos ubres destrozadas. Habiendo vivido un parto, por experiencia, nunca más iré a visitar a un recién nacido a la clínica. La verdad es que una no quiere ver a nadie, o al menos ese fue mi caso. Solo quería estar tranquila, estaba agotada y adolorida, me hicieron episiotomía (sí, el tajo en la vagina) y tenía 14 puntos hechos en capas. Estaba intentando llevar a cabo la lactancia, entraban las enfermeras, el pediatra, las matronas y entremedio algún tío, amigos, suegros, cuñados e incluso gente a la que no veo nunca que no encontró nada mejor que aparecerse tempranísimo. Y no, preferiría no haber visto a nadie y caer de a poco en mi nueva realidad de madre sin nadie al lado opinando ni tomando a Emilia. Porque sale todo el instinto animal, es algo muy raro, pero no me gustaba que la tomara otra persona, le daban besos y yo solo quería que me la devolvieran, y sacarle ese olor ajeno. Era mi cachorra y sentía ganas de morder a todos los que se acercaban.

Emilia tuvo ictericia, pero salió adelante y no fue necesario ponerla en esas cámaras de luz. Nació el 26 de septiembre de 2017, a las 22.05, pesó 2.705 grs y midió 49 cms. Una morenaza preciosa, con ojitos de almendra y boca de corazón. La luz de mi vida.

La vuelta a casa
Esto puede ser una película de terror si es que una y una con la pareja no se mentaliza a calmarse y estar serena. Llegamos a casa y estábamos solos, los 3. Como se muda, como le doy el pecho? (que a esas alturas estaban agrietados al borde del sangramiento y conmigo llorando de dolor), son preguntas sin respuestas. Hay que tirarse a la piscina y empezar con los cuidados y la crianza por cuenta propia. S. salía a comprarme cremas, pezoneras y packs de hielo para aliviar a mis pobres compañeras que no daban más. Por suerte a las dos semanas más o menos esto se pasa.

Llevaba cinco días sin dormir. Me dolía todo el cuerpo, y Emilia no paraba de llorar en las noches. Es rudo. La primera semana es la peor. Luego una va haciéndose su rutina y agarrándole la mano al asunto. Y el chupete de hule pasa a ser tu mejor amigo, por fin pude calmar sus ansias de succión. Luego viene el dolor de la episiotomía, porque ese viene después, cuando comienza a cicatrizar. Es horrible, porque está en el peor lugar, y una sentada amamantando todo el día y esto ahí como un arrollado de jamón palpitante. Luego vinieron las hemorroides, no podía ir al baño, y cuando lo logré, fue como parir a mi segundo hijo, pero este sin anestesia.

La recuperación es lenta y cuesta. Todo el cuerpo está resentido, la parte genital es un horror, toda la piel extendida, como piel de elefante colgando. Es difícil ver tu cuerpo distinto, lo más probable es que para siempre diferente. Mi ombligo se agrandó, la celulitis está hasta en mis brazos. Los 41 años se sienten también. Pero la naturaleza es sabia, perfecta, la lactancia es mágica, y te hace ir perdiendo peso día a día. Ya he bajado ocho kilos, y eso que he comido como una cerda, porque da demasiada hambre la producción de la lechería. Me siento afortunada de tener bastante y buena leche. Es como una conexión total. Llega la hora y ella se despierta y a mí me gotea la leche. Las pechugas enormes y duras, luego que ella mama, se ablandan. Es un alivio mutuo. Ha ido creciendo y subiendo de peso muy bien. Ya pesa 3.8 kilos y parte de su ropita le está quedando chica. Hace unos días le disgnosticaron reflujo silencioso, la pobre se quejaba mucho al dormir, se le salían los jugos gástricos por la boca, pero no vomitaba. Estamos tratándola con omeprazol y va mejorando día a día.

Ella
Qué se puede decir. Nuestra hija nos robó el corazón. Y a mí la vida. Porque hoy en día mi vida es ella. No hago nada más. Darme una ducha, comer, ir al baño, son verdaderos lujos. Lujos como este que me estoy dando, sentarme a escribir en mi blog.

Ya me ha regalado sus primeras sonrisas, cada vez interactúa un poquito más y pasa más ratos al día despierta. Es muy graciosa, hace unos ruidos fuertísimos. Es impresionante que algo tan chico demande tanto y sea tan ruidosa. Ya está mostrando su personalidad, tiene pequeñas guerras con algún pecho cuando sin querer se le suelta o le sale mucha o poca leche. Gruñe y patalea. Con casi un mes y medio ya afirma su cabecita y dice sus primeros agús. Es una agrandada!

Y la amo. La amo con todo mi corazón. No se parece en nada a nosotros, aunque la gente nos dice de todo, que es igual a S. y bastante más me dicen que es igual a mí. Esto me divierte de sobremanera y pienso en la magia de la epigenética o la gracia del destino y las coincidencias.

Con respecto al tema de la ovodonación, nada. Es mía, demasiado mía. Cuando me sigue con la mirada, cuando me mira mientras toma pecho, como la extraño cuando no estoy con ella, pienso es algo que pasa con todos los hijos, y el óvulo aquí no importa nada.

Esta es mi historia, por fin con mi pollita junto a mí. Sanita, preciosa, un milagro de vida. Agradezco para siempre al universo, a S., a mi doctor, a nuestra donante. Podré seguir contando historias, quizás más adelante cuando me ponga al “hermanito”, el congeladito que aun nos queda. Nuestra familia recién ha comenzado.

Sigan adelante. Todo el camino recorrido queda atrás, el sufrimiento queda atrás y solo hay dos ojitos y dos manitos que cogen las tuyas y hacen que todo haya valido la pena. Fuerza, fuerza y denle con todo. Al final del camino está nuestro milagro.

Haciendo honor al nombre de este blog, puedo por fin decir sí, por fin te tengo en mis brazos, Emilia de mi vida.

Contracciones

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Hoy, cumpliendo 39 semanas, empezaron las contracciones. Me desperté 4:30am de dolor. Es un horror lo que duelen, casi lágrimas me han sacado. Son ahora las 11:50am y no han parado, cada 7, 12 minutos con una duración de 30 segs aprox.

Descubrí que fue mejor levantarme, ducharme, caminar. Pareciera que se sienten menos, o no sé si es que ya las estoy tolerando mejor. Hablé con la matrona y me dijo que encontraba no estaban muy rítmicas aun, que la llamara en una hora más porque según ella tienen que ser cada 5, 7 minutos.

Aunque sabía que Emilia desde la semana 37 podía venir “en cualquier minuto”, por supuesto no me la esperaba para hoy! Aun tengo mucho trabajo pendiente y estoy aquí sentada en el computador intentando terminarlo. Le armé su cuna con las sabanitas, aproveché de depilarme, cortarme las uñas, lavarme el pelo, porque aunque estuviera entre contracción y contracción no iba a partir a la clínica toda peluda. Antes muerta que sencilla! 🙂

Así que en esas estamos. Esperando, tranquila, expectante, conectada con mi niña que ya ha comenzado a trabajar para salir. Seguramente en el próximo post ya hablaré de como fue el parto.

Pido al universo que todo salga bien. Por favor envíenme buenas energías, y que esta historia tenga el mejor de los finales, un final que es el principio de todo.