Emilia de mi vida

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Soy mamá, la mamá de Emilia. Toda mi vida ha dado un giro, se ha transformado y trastornado. Hay un antes y un después de tener un hijo, todo cambia, una cambia, el mundo cambia.

Con ella sentada a mi lado en su sillita, con sus espléndidos 41 días, recién tengo unos momentos para sentarme a reflexionar y poder escribir todo lo que ha sido esta mega experiencia. Intentaré plasmarla lo mejor posible, momento a momento:

EL PARTO
En mi última entrada, escribí poco antes de irme a la clínica. Debo confesar que en mi vida había sentido unos dolores tan horribles. Al principio estaba tranquila, sintiendo las contracciones cada vez más seguidas, mientras trabajaba intentando terminar una diagramación y poder entregarla antes del parto (no pude). Hablaba con la matrona quien me decía que si quería me fuera a la clínica, que dependía de mí, pero que le dijera a S. que mejor se volviera del trabajo, porque esto iba a ser ese día, etc. Llamé a S. quien tenía un día colapsado con reuniones y le conté lo de la matrona. Suspendió la reunión a la que iba en camino y me dijo que se venía a casa. A mí se me ocurrió (porque en esos momentos una hace estupideces) mandarlo al supermercado, pensando que aun había mucho tiempo y que nuestro refri estaba vacío entonces sería bueno llenarlo para no tener que ir después. Por supuesto se demoró casi 2 horas en volver, mientras que mí me comenzó el verdadero trabajo de parto. Con esto me refiero a las contracciones REALES. Uffffff, no tengo palabras. Es un dolor como si una se fuera a partir en dos, intenso, intenso, intenso, como un dolor de ovarios, pero de todas las entrañas y duran mucho, alrededor de 60 segundos. Me comenzaron a venir ese tipo cada 3 minutos. Creí me moría. No pude hacer nada más, no podía ni hablar. Cuando S. llegó yo estaba balanceándome y berreando agarrada a una silla, y le grité que teníamos que irnos ya. El camino en el auto duró una media hora, terrible, cuando llegamos pedí una silla de ruedas e hicimos el ingreso por urgencias conmigo sin poder dar ni mi nombre. Una enfermera me ingresó rápidamente a un box y me hizo ponerme la batita para que un doctor me examinara. No podía desvestirme porque las contracciones venían y venían y yo quedaba inmóvil. Cuando apareció un doctor me hizo el famoso “tacto”. Me habían dicho que dolía mucho, pero la verdad el otro dolor era tanto que no lo recuerdo. Me dijo que estaba con dilatación 3 (yo me juraba de 8) y que no me preocupara porque según él todas llegaban así de adoloridas con dilatación 3.

Estábamos listos, ya no había vuelta atrás. Me preguntaron si iba a querer la epidural, a lo que contesté con un rotundo Sí, pero que quería esperar a mi matrona que venía en camino y aguantar un poco más (no sé donde había escuchado que mientras más se aguantaba era mejor). El anestesista me dijo que para qué iba a seguir sufriendo, que si me la iba a poner lo hiciera de una. Así que aguanté hasta dilatación 4 y la pedí. El sistema es un catéter en la columna misma, donde me dejarían un botoncito para yo ir soltando anestesia cuando lo necesitara. Para el ingreso de este catéter tuve que ponerme en posición fetal, agarrando mis rodillas no sé cómo con mi enorme panza, completamente inmóvil (yo aterrada de quedar inválida) y aguantar las contracciones que no cesaban mientras sentía esta aguja inmensa clavarse en mi médula. S. me tenía de las manos y yo transpirada entera, estaba a punto de desmayarme en el momento más espantoso que me sentía viviendo. Y de pronto, la paz… Epidural viajando por mis piernas, y el dolor alejándose hasta casi no sentirlo. Un paraíso. Me volvió el alma al cuerpo, la sonrisa, pude sentarme en la cama y comenzar a bromear. De ahí en adelante todo fue miel sobre hojuelas.

Creo que con tantos tratamientos, exámenes, sacadas de sangre y procedimientos, mi tolerancia al dolor está en cero. Dicen que el cuerpo tiene memoria, y tantos dolores acumulados se me manifestaron todos en el trabajo de parto. No sé cómo, y aquí va toda mi admiración, se puede parir sin anestesia. Yo no lo hubiese resistido, me habría desmayado, o muerto. Sentí una enorme empatía y compasión por todas las mujeres de la historia, las que en el pasado pasaron por eso y perpetuaron la especie, las que murieron en el parto, o después del parto, las que parieron ocho hijos (mi abuela) y por las que  hoy en día, optan por tener a sus hijos bajo el lema “parirás con dolor”. En mi caso, no fue posible, ni lo será jamás.

Llegué a la clínica a las 3pm, y Emilia nació a las 10pm. Todo ese rato estuve con mi mamá, mi suegra, mis hermanos, mi doctor, mientras la matrona me iba revisando y me decía, ya vas en 7, ya en 10. Me hacía practicar los pujos “de memoria”, ya que no sentía nada. Cuando llegamos a la dilatación completa, Emilia aun no se encajaba bien, estaba como corrida de la pelvis. El doctor me metió la mano, como a las vacas, y la hizo encajarse. Casi a las 10pm me dice estamos listos, se cambia de ropa, mueven mi cama hacia el centro de la habitación preparto, y comienzan a alentarme a pujar. Emilia salió a los cinco minutos.

Sentí las exclamaciones de asombro de S., oooohhh, ooohhh cuando iba saliendo la cabeza, y luego todo su cuerpo. Me la pusieron encima, como un pescado caliente y resbaloso. Y comenzó a llorar. Yo reía y lloraba, era tanta mi alegría! Luego me la pusieron encima de mi pecho y ella tan despierta nos miró a ambos, y ese cruce de miradas fue lo único que necesité para caer en un enamoramiento profundo, el amor más grande que he sentido en mi vida, una emoción indescriptible, tomaba su manito y nos mirábamos…eso marcó el antes y el después de mi existencia.

Estuve tres días en la clínica, recibiendo a las visitas, mientras intentaba aprender lo de la lactancia, que es todo un tema. El gran tema que viene luego de parir. Es muy difícil! Emilia era chiquita, y mis tetas se la comían a ella, su boquita era muy chica para mi pezón, por lo que quedé con las dos ubres destrozadas. Habiendo vivido un parto, por experiencia, nunca más iré a visitar a un recién nacido a la clínica. La verdad es que una no quiere ver a nadie, o al menos ese fue mi caso. Solo quería estar tranquila, estaba agotada y adolorida, me hicieron episiotomía (sí, el tajo en la vagina) y tenía 14 puntos hechos en capas. Estaba intentando llevar a cabo la lactancia, entraban las enfermeras, el pediatra, las matronas y entremedio algún tío, amigos, suegros, cuñados e incluso gente a la que no veo nunca que no encontró nada mejor que aparecerse tempranísimo. Y no, preferiría no haber visto a nadie y caer de a poco en mi nueva realidad de madre sin nadie al lado opinando ni tomando a Emilia. Porque sale todo el instinto animal, es algo muy raro, pero no me gustaba que la tomara otra persona, le daban besos y yo solo quería que me la devolvieran, y sacarle ese olor ajeno. Era mi cachorra y sentía ganas de morder a todos los que se acercaban.

Emilia tuvo ictericia, pero salió adelante y no fue necesario ponerla en esas cámaras de luz. Nació el 26 de septiembre de 2017, a las 22.05, pesó 2.705 grs y midió 49 cms. Una morenaza preciosa, con ojitos de almendra y boca de corazón. La luz de mi vida.

La vuelta a casa
Esto puede ser una película de terror si es que una y una con la pareja no se mentaliza a calmarse y estar serena. Llegamos a casa y estábamos solos, los 3. Como se muda, como le doy el pecho? (que a esas alturas estaban agrietados al borde del sangramiento y conmigo llorando de dolor), son preguntas sin respuestas. Hay que tirarse a la piscina y empezar con los cuidados y la crianza por cuenta propia. S. salía a comprarme cremas, pezoneras y packs de hielo para aliviar a mis pobres compañeras que no daban más. Por suerte a las dos semanas más o menos esto se pasa.

Llevaba cinco días sin dormir. Me dolía todo el cuerpo, y Emilia no paraba de llorar en las noches. Es rudo. La primera semana es la peor. Luego una va haciéndose su rutina y agarrándole la mano al asunto. Y el chupete de hule pasa a ser tu mejor amigo, por fin pude calmar sus ansias de succión. Luego viene el dolor de la episiotomía, porque ese viene después, cuando comienza a cicatrizar. Es horrible, porque está en el peor lugar, y una sentada amamantando todo el día y esto ahí como un arrollado de jamón palpitante. Luego vinieron las hemorroides, no podía ir al baño, y cuando lo logré, fue como parir a mi segundo hijo, pero este sin anestesia.

La recuperación es lenta y cuesta. Todo el cuerpo está resentido, la parte genital es un horror, toda la piel extendida, como piel de elefante colgando. Es difícil ver tu cuerpo distinto, lo más probable es que para siempre diferente. Mi ombligo se agrandó, la celulitis está hasta en mis brazos. Los 41 años se sienten también. Pero la naturaleza es sabia, perfecta, la lactancia es mágica, y te hace ir perdiendo peso día a día. Ya he bajado ocho kilos, y eso que he comido como una cerda, porque da demasiada hambre la producción de la lechería. Me siento afortunada de tener bastante y buena leche. Es como una conexión total. Llega la hora y ella se despierta y a mí me gotea la leche. Las pechugas enormes y duras, luego que ella mama, se ablandan. Es un alivio mutuo. Ha ido creciendo y subiendo de peso muy bien. Ya pesa 3.8 kilos y parte de su ropita le está quedando chica. Hace unos días le disgnosticaron reflujo silencioso, la pobre se quejaba mucho al dormir, se le salían los jugos gástricos por la boca, pero no vomitaba. Estamos tratándola con omeprazol y va mejorando día a día.

Ella
Qué se puede decir. Nuestra hija nos robó el corazón. Y a mí la vida. Porque hoy en día mi vida es ella. No hago nada más. Darme una ducha, comer, ir al baño, son verdaderos lujos. Lujos como este que me estoy dando, sentarme a escribir en mi blog.

Ya me ha regalado sus primeras sonrisas, cada vez interactúa un poquito más y pasa más ratos al día despierta. Es muy graciosa, hace unos ruidos fuertísimos. Es impresionante que algo tan chico demande tanto y sea tan ruidosa. Ya está mostrando su personalidad, tiene pequeñas guerras con algún pecho cuando sin querer se le suelta o le sale mucha o poca leche. Gruñe y patalea. Con casi un mes y medio ya afirma su cabecita y dice sus primeros agús. Es una agrandada!

Y la amo. La amo con todo mi corazón. No se parece en nada a nosotros, aunque la gente nos dice de todo, que es igual a S. y bastante más me dicen que es igual a mí. Esto me divierte de sobremanera y pienso en la magia de la epigenética o la gracia del destino y las coincidencias.

Con respecto al tema de la ovodonación, nada. Es mía, demasiado mía. Cuando me sigue con la mirada, cuando me mira mientras toma pecho, como la extraño cuando no estoy con ella, pienso es algo que pasa con todos los hijos, y el óvulo aquí no importa nada.

Esta es mi historia, por fin con mi pollita junto a mí. Sanita, preciosa, un milagro de vida. Agradezco para siempre al universo, a S., a mi doctor, a nuestra donante. Podré seguir contando historias, quizás más adelante cuando me ponga al “hermanito”, el congeladito que aun nos queda. Nuestra familia recién ha comenzado.

Sigan adelante. Todo el camino recorrido queda atrás, el sufrimiento queda atrás y solo hay dos ojitos y dos manitos que cogen las tuyas y hacen que todo haya valido la pena. Fuerza, fuerza y denle con todo. Al final del camino está nuestro milagro.

Haciendo honor al nombre de este blog, puedo por fin decir sí, por fin te tengo en mis brazos, Emilia de mi vida.

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Contracciones

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Hoy, cumpliendo 39 semanas, empezaron las contracciones. Me desperté 4:30am de dolor. Es un horror lo que duelen, casi lágrimas me han sacado. Son ahora las 11:50am y no han parado, cada 7, 12 minutos con una duración de 30 segs aprox.

Descubrí que fue mejor levantarme, ducharme, caminar. Pareciera que se sienten menos, o no sé si es que ya las estoy tolerando mejor. Hablé con la matrona y me dijo que encontraba no estaban muy rítmicas aun, que la llamara en una hora más porque según ella tienen que ser cada 5, 7 minutos.

Aunque sabía que Emilia desde la semana 37 podía venir “en cualquier minuto”, por supuesto no me la esperaba para hoy! Aun tengo mucho trabajo pendiente y estoy aquí sentada en el computador intentando terminarlo. Le armé su cuna con las sabanitas, aproveché de depilarme, cortarme las uñas, lavarme el pelo, porque aunque estuviera entre contracción y contracción no iba a partir a la clínica toda peluda. Antes muerta que sencilla! 🙂

Así que en esas estamos. Esperando, tranquila, expectante, conectada con mi niña que ya ha comenzado a trabajar para salir. Seguramente en el próximo post ya hablaré de como fue el parto.

Pido al universo que todo salga bien. Por favor envíenme buenas energías, y que esta historia tenga el mejor de los finales, un final que es el principio de todo.

37 semanas

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Y aquí estamos, ya en la recta final, con 8 meses y medio. Desde esta semana Emilia podría nacer en cualquier momento. Me estoy empezando a poner un poco nerviosa, no sé cómo saldrá esta bola de aquí dentro. Encuentro que tengo una panza enorme, pero todo el mundo me dice que es chica. Para nosotros es grande y preciosa, redondita como una pelota. Me encanta! Creo que una vez que nazca la extrañaré.

Este tiempo ha estado intenso. Ya de prenatal no he podido descansar mucho porque me ha salido un muy buen trabajo freelance el cual no pude rechazar. También hemos estado con todo lo de la remodelación de la casa, que está quedando preciosa. Lo demás que las compras por aquí y por allá, que a Emilia le faltan sabanitas o cualquier cosa. Impresionante la cantidad de cosas que usan los bebés! Pero creo ya haberlo conseguido todo. Su ropita está lavada y la miro de tanto en tanto solo para olerla e imaginármela metida adentro de tan preciosos algodones.

He tenido cita con la matrona y ya está todo hablado en la clínica. Hubo un momento en que me empecé a cuidar con la comida y los dulces. Para el último control solo había subido 1.5 kilos, comparado con los 3 mensuales que me mandaba. En la ecografía me dijeron que Emilia era percentil 25, chiquita. Pensé que no era momento de estar cuidándome con la comida, así que volví a mis chanchadas y en la siguiente eco la gorda había subido a percentil 50, lo que me dejó más tranquila. Intentamos hacernos una eco 3D pero no hubo caso de que nos mostrara su carita. Habrá que esperar hasta el gran día.

Hasta el momento, pesa casi 3 kilos y mide 47 cms. Me tiene a las patadas y estoy cada día más incómoda. La pubalgia es del terror, ya no puedo ni hacer yoga, y el dolor de espalda baja a veces se me hace intolerable.

Aun así, cada patada me hace sonreír. Con S. estamos fascinados, agradecidos, enamorados, riendo y siendo tan, pero tan felices esperando a nuestra ratoncita.

Por ahora, solo esperarla, para cuando quiera salir mi niña hermosa.

Siete meses

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Hoy cumplimos siete meses de embarazo junto a mi campeona. Siento que ha sido todo un logro, porque el hecho de que Emilia ya pueda nacer y sobrevivir, que ya esté boca abajo y me pegue unas patadas cada vez más fuertes, como de luchador de sumo, me dan la confianza de que sí, estamos ad portas de haberlo logrado.

No tengo diabetes gestacional y no tengo la presión alta. Fuera de los doce kilos que me he echado encima, todo ha andado viento en popa. Y sí, doce. Tres al mes me he mandado en los últimos controles. El doctor no me retó, pero me dijo que me cuide un poco, que no le caben dudas que los bajaré dando leche, pero que le preocupa que vaya a desarrollar algo en el último tramo. Debo confesar que me he portado pésimo, y todas las noches me como un postre, de esos de leche y de chocolate, bien calóricos. No podía parar, pero para este mes me compré en su reemplazo jaleas, que espero me desinflen un poco. Aunque todo el mundo me dice que estoy igual, yo siento el peso de esos doce kilos, en yoga prenatal apenas puedo moverme y me dio un poco de pubalgia, que es ese dolor de caderas, de los ligamentos de las caderas que se inflaman y la sensación al caminar es como si estuviera quebrada. Definitivamente, no muy agradable.

Pero así, con más kilos que nunca en mi vida, la pubalgia y el cansancio, estoy dichosa. He sido tan feliz, el embarazo es realmente un proceso maravilloso. Estoy ya totalmente enamorada de esta aliencita que se me asoma por la panza, que se manifiesta con sus pataleos, que me despierta haciéndose notar. Ya le conozco sus ritmos, se que si le pongo su canción me responderá con pataditas, y no puedo menos que morirme de amor. No la cambiaría por nada del mundo, y cuento los días para conocerla por fin.

Solo dos meses más y estará aquí. Ya tiene casi todas sus cosas, mudador, coche, sillita para el auto, ropa, pañales. La próxima semana mis tías y primas me harán un baby shower. Sí, por fin uno para mí!

Preparandome para tomar mi prenatal en cuatro semanas más. Dejaré de lado el trabajo y todo lo que no me apetezca. Quiero solo disfrutar mi panza y ese último mes en que estaremos solos con S. Luego vendrá ella, a llenarnos de luz para siempre. La felicidad y el agradecimiento son infinitos.

Un escrito para ti

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He leído por ahí que los hijos eligen a los padres antes de nacer. Esta idea me encanta, y me llena de emoción que tú, reina hermosa de mil colores, me hayas escogido como tu mamá.

Tu sabes cuántos años vivimos esperándote, años de mucho sufrir y de hacer todo lo humanamente posible para lograr encontrarnos. Eres un milagro, porque no había explicación científica para lo que pasaba (o más bien lo que no pasaba), no había respuestas para entender el enorme vacío que nos rodeaba, pero sin embargo viniste; Nos elegiste. Nuestra meta final fue siempre hasta que llegaras, y aunque a veces  nos fallaban las fuerzas y nos pesaba el alma, nunca perdimos la esperanza. Pero la decisión final la tomaste tú. Hoy, donde tenemos ya casi 6  meses juntas, puedo decirte amor mío que todo ha quedado atrás, que todo ese sufrir se ha transformado en agradecimiento y amor, que solo queremos estar contigo para siempre.

Te mueves mucho, y cada patadita tuya me hace sonreír, eres una inyección de energía, de paz. He sido tan feliz este tiempo, hace años que no me sentía tan plena y tan tranquila. Y tu me has dado eso mi Emilia, te guardaré aquí dentro por siempre, incluso hasta después de que hayas nacido y te conviertas en una mujer, siempre estarás dentro de mí, porque en este momento somos un solo ser con 2 corazones que laten y eso no se olvida nunca, eso te cambia, te transforma.

Con tu papá hemos ido comprando tus cositas, juntando de a poco tu ropa, tu coche. Has heredado bastante ropa de tu prima, ya sabes que somos austeros, pero todo es precioso, todo ha sido escogido con el mayor amor del mundo para nuestra princesa. En las noches, cuando nos metemos a la cama con tu papá, ambos decimos que es nuestro momento favorito del día. El te toca e intenta sentirte todo el tiempo, a veces te escondes o te duermes, pero le has dado muchas veces la alegría de moverte cuando su mano está en mi panza. La primera vez que te sintió se emocionó mucho. Te habla y te cuenta cosas, te dice que te ama y que te estamos esperando.

Seguimos con las remodelaciones de la casa, de tu casa. Va a quedar tan linda, todo ha sido pensado para la nueva familia que seremos. Estoy segura de que viviremos nuestros mejores años los tres juntos en ese lugar. Te veo corriendo por el patio, celebrando tus cumpleaños, compartiendo con todos los que desde ya te quieren tanto.

Eres mi mejor compañía, mientras trabajo, voy a clases, manejo o simplemente estoy tendida tejiendote con el crochet chalequitos y mantas, tus movimientos son bálsamos para mi alma, mi sanación, latido a latido.

Gracias mi niña cósmica, milagro de amor tan infinito. Te amo profundamente.

Tu mamá.

 

Ya la siento

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Con casi 5 meses de embarazo, por fin empecé a sentir a Emilia. Una mañana, mientras aún seguía acostada, sentí como un pequeño golpecito, como un gorgorito, una burbuja, una especie de latido. Me concentré y lo volví a sentir 2 veces más. No había dudas de que era ella, era algo único, incomparable a nada más.

Todo esto ocurrió en un mini viaje al sur que hicimos con S. a modo de vacaciones y un último viaje los dos antes de ser tres. Pero como que me anduve olvidando que estaba embarazada y eso me terminó pasando la cuenta. Viajé en avión, tomé mi maleta, caminé muchísimo, anduvimos en auto por caminos de tierra y bueno, comenzaron las contracciones. Se me ponía la panza dura y me dolía igual como si me fuese a venir la regla. Horror. Esto fue en aumento, me alcancé a contar 14 diarias, y a Emilia no la volví a sentir. Le escribí a mi doctor, y yo jurando que me diría que era normal, me mandó a tomar progesterona por las noches y a adelantar mi ecografía de las 20-24 semanas. Casi me morí. Me asusté mucho y me pasé las peores películas.

Por fin, hace un par de días nos hicimos la ecografía y gracias al cielo estaba todo bien. Ella inmensa, latiendo y moviéndose. Fue uno de los mayores alivios de mi vida. Es que me moría si le pasaba algo, si yo había hecho algo que la dañara. Por suerte las contracciones han ido disminuyendo y estoy tratando de verdad de bajar las revoluciones y quedarme más quieta. Pasa que como ya me siento bien, me afloró una energía impresionante y sólo quiero hacer cosas. Más aún con la casa nueva, con la que estamos comenzando las remodelaciones, y es imposible sólo quedarse mirando.

Como si hubiese sabido, al otro día de la ecografía, Emilia volvió a pronunciarse. Me pegó 3 patadas fuertes, que llegué a sentir en mi mano cuando me toqué la panza. Y de ahí no ha parado. Mi pescadito nada y se mueve como nunca, a toda hora, sobretodo en las mañanas. Hoy hasta S. la pudo sentir.

Debo decir que es una sensación maravillosa. Ahora sí que estoy disfrutando esto, el ya sentirla me da una paz enorme, de saber que mi chiquitita está ahí, creciendo y comunicándose conmigo. La amo tanto, y agradezco infinitamente que todo esté bien. Es mi campeona. Sigue fuerte mi preciosa, ya queda cada vez menos para poder mirarnos.

Emilia

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Es una niña. En un 90%, ya que nunca aseguran el 100 me dijeron. Así que es una niña y se llamará Emilia.

Emilia como mi bisabuela, una mujer hermosa, quien tuvo a su única hija, mi abuela, quien a su vez parió a 8 hijos, siendo la mayor mi madre, y yo siendo la mayor de los 3 hijos de mi  madre. Hay una dinastía ahí con las mujeres mayores. Será la bisnieta n°9 (que bello número) y la octava mujer seguida, sólo el mayor es hombre.

Estamos felices, Emilia es preciosa, se mueve, traga líquido amniótico, nos saluda con su manito. Está perfectamente. Mi pancita ya se asoma en todo su esplendor, las náuseas se han ido por completo, y hoy, con 18 semanas (ya casi la mitad!) puedo decir que estoy de verdad disfrutando mi tan esperado embarazo. Serán las gotitas de Bach, la ayuda de la sicóloga (con quien aún estamos trabajando ciertos rollos y temores), o el simple hecho de ya sentirme bien y poder concentrarme en la conexión con mi niña.

Cambia tanto cuando ya una sabe qué será. Ya no es más el porotito, el embrioncito, el pimentón…..ahora es Emilia, nuestra niña adorada, de la que hablamos todos los días, imaginándola, imaginándonos a nosotros como padres, todo lo que haremos juntos.

Ya nos entregaron además nuestra casa. Comenzaremos pronto con la remodelación. Es de esperar logremos cambiarnos antes de que Emilia nazca, pero sino, tendrá que ser después. Es lo de menos. Sé que seremos muy felices los 3 ahí.

En unos días más nos iremos al sur, a unas mini vacaciones. Tal vez nuestro último viaje mientras seamos 2, y mi última subida a un avión en mucho tiempo. Cambiará nuestra vida, luego de 11 años juntos, sólo nosotros dos, llegará una personita a revolverlo todo, a cambiar nuestra rutina y costumbres, a movernos el piso y ponernos en segundo plano a ambos. Contamos los días esperando su llegada, sólo quiero olerla y mirarla, mirarla infinitamente el resto de mi vida.